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Discurso de un graduado

No es lo mismo leer un discurso que escucharlo. Hace falta la emotividad, la entrega, el momento. El instante eterno en el que las palabras viven por un momento en el corazón de quien nos escucha. Todo orador debe estar dispuesto a despedir sus palabras, como si nunca volvieran a regresar, para que se multipliquen entre quienes las escucharon.

Mis palabras no son tan importantes, entiéndase este intento de discurso como el último esfuerzo de un orador que al final se ha retirado. A final de cuentas, algún día volveré a ser un orador. No realizo esta entrada por narcisismo o por orgullo. Es que, simplemente, hay un discurso que se vuelve favorito entre todos los que escribes. Este es mi discurso, es el que hice con tanto cariño pensando en todos mis compañeros, en mis maestros, en mis propios logros y desilusiones y en toda una etapa de mi vida que dejé atrás. Es por eso, que aquí dejo con ustedes el discurso completo que escribí para la graduación de la Generación 2006-2009 del CBTis 168. Mi generación.

Aprender sin pensar es esfuerzo perdido,  pensar sin aprender es peligroso. Confucio.

Buenas tardes a las autoridades que nos acompañan en este día, personal docente y administrativo del CBTis no. 168, compañeros alumnos, padres de familia, amigos y conocidos, sean todos bienvenidos.

El día de hoy hablo en nombre de una generación de alumnos que han culminado su esfuerzo y entrega en esta ceremonia, en este momento memorable para todos los presentes. Y precisamente porque este instante va a ser recordado por todos nosotros como el punto final de este camino, mentiría si les dijera ahora que no pensé detenidamente en cada una de las palabras que iba a pronunciar frente a ustedes. Mentiría también si les dijera ahora que fue fácil superar las dificultades y llegar hasta donde hemos llegado nosotros, y continuaría mintiendo si les dijera ahora mismo que esta etapa se ha terminado como cualquier otra en nuestra vida.

El instante en el que vivimos es un momento privilegiado, somos una generación que vio cumplir a su institución sus primeros 25 años de existencia, en medio de grandes cambios en nuestra sociedad y en nuestro entorno; e hicimos nuestra esa esperanza de que podemos mejorar el mundo que nos rodea. Hemos escalado juntos este camino y hemos llegado a la culminación de nuestro esfuerzo. Y sabemos además, que estudiar es un privilegio en estos momentos, y que gozamos de una oportunidad que no es posible que se les otorgue a todos. Somos afortunados de poder terminar nuestros estudios rodeados de tales circunstancias, y también somos afortunados de haberla terminado juntos, y en gran medida este mérito no es propio solamente.

Entonces, es necesario ahora mencionar el esfuerzo de nuestros padres y nuestros familiares. Hermanos, tíos, primos, vecinos, conocidos, todos aquellos que dieron su apoyo incondicional para que nosotros siguiéramos adelante. Esas personas, que hoy ven este logro con gran orgullo, son en principio la base de toda persona exitosa. Detrás de un gran estudiante, de un alumno destacado, de una persona creativa, está siempre una gran familia; consiente hasta el final de la importancia de seguir un camino como este.

Quisiera también expresar un agradecimiento a todos los profesores que nos han acompañado hasta el día de hoy. Diría Aristóteles, que enseñar no es una función vital, porque no tiene el fin en sí misma; la función vital es aprender. De tal manera, que la gran mayoría de ustedes están condenados a ser héroes anónimos en la historia personal de cada estudiante. Sin embargo, aunque sus nombres a veces se pierdan en la penumbra de los recuerdos, sepan ustedes que esta generación no sabrá olvidar su esfuerzo y su dedicación, su entrega y su decisión para seguir mejorando;  y aunque parezca que a veces los años agobian su empeño, no olviden tampoco ustedes el mensaje de esta generación, que es el mismo que inmortalizaría Marcel Proust, que el corazón siempre tiene la edad de aquello que ama.

En esta preparatoria que hoy nos ve partir, hemos cumplido con nuestras labores estudiantiles, pero también hemos sido tocados por el maravilloso regalo que es la amistad. Vivimos amores y desamores, sueños y desilusiones, conocimos la victoria y a veces, también la derrota. Dejamos tres años de nuestra vida en una institución que supo acogernos, apoyarnos e impulsarnos. Dejamos aquellas aulas que fueron testigos de cada uno de nuestros pasos. Dejamos, en fin, un pedacito de nuestra propia alma impregnada en el espíritu de esta escuela; porque a fin de cuentas vivimos la propia vida.

Lo maravilloso de aprender algo, sin embargo, es que nadie puede arrebatárnoslo, es nuestro el conocimiento, está dentro de nosotros.  Como el corazón late para mantener vivo el cuerpo, así el conocimiento palpita para mantener vivos nuestros anhelos. Nuestro futuro está señalado, en buena medida, de lo que sabemos y lo que estamos dispuestos a aprender.

Una de las razones por las que, en lo personal, me siento orgulloso de pertenecer a esta generación, es que todos estamos aquí por nuestro propio pulso. Este éxito nadie nos lo ha regalado, ni tampoco nos ha sido otorgado. Es nuestro, por nuestra dedicación, por las noches sin dormir, por las tardes sin comer para poder realizar el trabajo en casa de algún compañero, por las mañanas en que suspirábamos felizmente por saber que habíamos cumplido. Hoy, todo ese esfuerzo se ve reflejado en esta generación. Y por esa razón sé que todos no podemos evitar sentir nostalgia por esos días, es por eso que quiero compartir con ustedes esta frase de Henry Miller: Si ustedes llaman experiencias a las dificultades y recuerdan que cada experiencia los ayuda a madurar, van a crecer felices y volar muy alto, no importa cuán adversas parezcan las circunstancias.

No hay que tener miedo ahora de seguir creciendo, nadie llegó a la cumbre acompañado por el miedo a madurar, como lo diría Publio Siro, y es por eso que ninguno de nosotros debe de detenerse en el camino que nosotros nos hemos impuesto: estemos listos ahora para elegir nuestro destino, nuestro propio camino, dispuestos a convertir nuestros sueños en una realidad, transformar nuestros anhelos en hechos. No olvidemos que el honor más grande aún no se nos ha otorgado, y que la carrera más larga y difícil apenas está por empezar. Y sin embargo, aunque cambiemos, reorganicemos nuestras vidas y sigamos adelante, sé que todos nosotros recordaremos a nuestras amistades y compañeros, aunque en un futuro no tengamos nada en común, sino solo el compartir los mismos recuerdos.

Si podemos llevar  la cabeza sobre nuestros hombros bien puesta, Si podemos soñar, sin que nuestros sueños nos dominen, si podemos pensar, sin que nuestros pensamientos sean nuestra meta, si podemos esperar sin que nos canse la espera, o soportar calumnias sin pagar con la misma moneda, o ser odiado sin dar cabida al odio. Si podemos perder y volver a comenzar desde el principio, sin que salga de nuestros labios una queja, o si podemos dirigirnos a las multitudes, sin perder nuestra virtud y codearnos con reyes sin perder la sencillez. Si podemos poner al servicio de nuestros fines, corazón, entusiasmo y fortaleza y llenar el implacable minuto, con sesenta segundos de esfuerzo denodado. Nuestra es la tierra y cuanto en ella hay y más aún: Seremos Hombres, compañeros míos.

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Categorías:Discurso
  1. 16 febrero, 2011 en 1:07 pm | #1

    No puede evitar que dos lágrimas recorrieran mis mejillas, mi piel se estremeció y una lluvia de recuerdos inundó mi mente.
    Este discuso se quedó un mi corazón, tres años de mi vida fueron resumidos en poco más de ocho minutos… risas, acompañadas de excelentes amigos; fracasos, de la mano del aprendizaje; desvelos, junto a la satisfacción de un buen tabajo; frustraciones, seguidas de nuevas oportunidades. ¿Cuántos sueños iniciaron en los pasillos del CBTis? ¿Cuántos más parecían extinguirse lentamente?
    En la escuela dejé una parte de mí, esa niña loca que corría por los patios con una sonrisa, la que hablaba y se hacía escuchar por toda la escuela, la novia del Lic., la que decía (dice) incoherencias, la que de todo se reía (rie).
    En esa etapa de mi vida conocí a personas incondicionales, que se volvieron parte de mi vida, descubrí que el amor si existía y que no se puede logar el éxito si no te esfuerzas.
    Este capítulo de mi libro terminó, un hermoso episodio quedó plasmado pero la novela continúa…

  2. JOFRE AUXILIO CUSME VERA
    14 noviembre, 2012 en 7:05 pm | #2

    Que hermoso, me identifico con el y te pido permiso para leerlo en mi grado.

    • 17 noviembre, 2012 en 2:45 pm | #3

      Hola Cusme!!!!
      Bueno, de forma muy personal me encantaría que, si lo utilizas de forma parcial o total; me cites como el autor. Soy Ricardo Herrera, y la verdad este discurso es un trabajo de cerca de dos meses. Sin embargo, sería mucho mejor si este trabajo te ayuda como inspiración y no solamente como base para tu propio discurso. Un saludo :)

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